lucero vilchez cocina

Algunas razones para no querer ser crítica gastronómica

Además del miedo….

 

Hace algunos días les comentaba a unos amigos sobre mi preocupación por las escasas invitaciones a comer que recibo últimamente.

No hablo de invitaciones a comer en restaurantes, hablo de ir a comer a las casas de la gente con la que comparto mi vida: amigos cercanos, amigos de mis amigos, familia, compañeros de trabajo, en fin: ¡Mi gente!

Estaba yo sintiéndome muy mal con una crisis de amigos que ni se imaginan, hasta que uno de ellos me suelta en la cara: ¡Lucero es que invitarte a ti es muy complicado! Tu debes comer muy rico y que vergüenza que vayas a llegar y no te guste lo que preparamos o que vayas a criticar. Así tal cual leen: ¿Yo? ¿Crees que yo en verdad llegaría a la casa de quien me invita, a criticar? Nada valoro más en la vida que la cercanía que te da el compartir tus espacios con alguien, compartir una mesa o una conversación en la cocina me parece uno de los actos de mayor amor que existen.

Nada valoro mas que saber que alguien te permite entrar a su mundo y compartir los sabores que le gustan y de los cuales se siente orgulloso. Por eso cuando mi familia o mis amigos vienen a comer a mi casa disfruto cocinando para ellos platos sencillos y cotidianos.

Otra cosa es ir a un restaurante motivada por los comentarios o las reseñas que encuentro de él. Enterarme de las propuestas de los cocineros locales me encanta y soy feliz yendo a probar platos diferentes. ¡Soy glotona a morir y antes de ser cocinera soy muy buena comiendo!

Hace unos días fui a comer a un lugar del que me habían hablado mucho y veía al mesero y al personal de servicio muy nervioso. Demasiado atentos, diría yo. Como muy pendientes de nuestros comentarios. Hasta que le pregunto: ¿Todo está bien? Y él me dice: ¡Ay, doña Lucero que miedo atenderla a usted! Usted debe probar cosas muy ricas con todo lo bueno que cocinan allá en el programa. Así que, ¿ese era todo el movimiento? Le dije. Cuando yo salgo a comer a cualquier lugar salgo a disfrutar. Nunca a criticar. No faltaba más.

Si algo me gusta, lo celebro, lo disfruto, me lo como hasta el final y regreso una y otra vez. Si algo no me gusta tengo muy claro que mi opinión no es ley, puede que a muchos otros sí les guste y que la equivocada sea yo. Pero eso de estar juzgando a los lugares o los platos de otros por mi gusto personal no es lo mío. Sé lo difícil que es hacer empresa y en este tema gastronómico mucho más. Poner de acuerdo a las personas en cuanto a sabores es bastante difícil.

Últimamente veo con cierta tristeza demasiada gente fungiendo de críticos gastronómicos, muchos “influenciadores”, personajes con seguidores en las redes, validadores de opinión que gozan de popularidad o personajes a quienes les gusta comer gratis a cambio de publicaciones hablando bien o mal de los negocios y veo que no miden mucho el alcance o las consecuencias de lo que dicen.

Con estas opiniones podemos elegir entre ayudar a construir un sector cada vez mas sólido, más solidario y que ofrezca más opciones a una ciudad que necesita urgentemente encontrarse con sus sabores y su identidad y mostrarle al mundo que somos mucho más que malas noticias y recuerdos de capos que no nos representan. Que nosotros somos una ciudad llena de sabores, colores, aromas y propuestas gastronómicas para todos los gustos; o podemos optar por seguir ejerciendo la critica desde las emociones negativas que muchas veces están más motivadas por la subjetividad.

La critica negativa no tiene porque ser mala. La critica cuando tiene la buena intención de mejorar, de contribuir al desarrollo de un negocio, cuando esta bien fundamentada y no responde a emociones sino a razones, es lo mejor que puede pasar para no caer en lo que hoy llaman zona de confort.

La critica bien ejecutada es mil veces mejor que una palmadita en la espalda y una sonrisa obligada.

Y esta es una de las razones por las que no soy critica gastronómica: no he podido a aprender a hablar sin filtro. Deben ser los astros y su influencia sobre escorpión. No soy capaz de fingir ni de mentir, y debo aprender a dar a mis opiniones (aunque a veces no sean buenas) sin ofender ni dañar a nadie (aquí apelaré entonces a mi ascendente en acuario)

 

Esperen entonces muy pronto: ¿Daré o no daré el salto a la critica?

 

 

 

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