lucero vilchez cocina

“Bebe vino, come queso y llegarás a viejo”

“Bebe vino, come queso y llegarás a viejo” …dice el refrán

Conozco muy pocas personas a las que no les guste el queso: para desayunar, para enriquecer cualquier receta, para picar, para untar, para usar en cualquier comida o postre… El queso es uno de esos alimentos que goza de gran aceptación y que además resulta muy versátil. Es rico, algunos resultan muy económicos, otros pueden sacarnos de apuros cuando necesitamos hacer algo elegante y bonito…en fin, el queso es un producto tan noble que no falta en casi ninguna mesa o cocina y en muchas culturas el queso es considerado un auténtico tesoro de la gastronomía.

De hecho, el queso forma parte importante del desarrollo de la cocina en la humanidad y ha sido vital en el desarrollo y nutrición de nuestra especie. Es un alimento rico en proteínas de alta calidad biológica y minerales como el calcio y el fósforo, por lo que muchos expertos recomiendan su consumo en cualquier dieta saludable. (aunque hay teorías que controvierte este tema y en otro espacio podremos comentarlo más ampliamente).

 

Resulta muy interesante que, aunque la base de cualquier queso es la leche, que puede ser de vaca, búfala, oveja, cabra u otro mamífero rumiante, dependiendo de la grasa que contenga el tiempo de curación, la alimentación del ganado utilizado, los procesos de elaboración y otros factores, cada queso logra desarrollar unas características muy diferentes y especiales en aspecto, textura y sabor.

 

Yo uso mucho el queso en mis recetas. Desde la más simple como el placer de aplastar el quesito fresco sobre una arepa de maíz tostada con mantequilla, hasta una mezcla de quesos para las salsas de pastas, o un brie con confituras envueltos en hojaldre, y soy de las que piensa que cuando hacemos algo gratinado vamos casi a la fija en sabor y adoro recibir a mis invitados con tablas.

 

Los quesos se pueden clasificar según su dureza, en blandos como el brie o el queso crema, semiduros como el gouda, gruyer y mozzarella, y duros como el parmesano. También se pueden clasificar por su madurez independendiente de que sean duros, blandos o semiduros.

 

Los quesos blandos se maduran de dos formas: por la acción de bacteria en su superficie, como el brie o el camembert, o mohos en el interior como el queso azul (roquefort, gorgonzola y stilton). Algunos se maduran en sitios calientes para que se fermenten interiormente y después terminan la maduración en sitios frescos.

 

No soy una experta en quesos, pero sí soy muy inquieta probando e investigando del tema, así que voy a compartir con ustedes alguna información sencilla y útil de este maravilloso mundo de los quesos, así la próxima vez que hagamos una tabla de quesos, o incluyamos quesos diferentes a los cotidianos, estemos listos para disfrutar su sabor.

 

 

 Queso mozzarella

Queso de origen italiano, es un queso fresco e hilado y aunque se puede fabricar con leche de vaca, debe fabricarse con leche de búfala. El mejor es el que se ha fabricado el mismo día y es sin duda un clásico de la cocina italiana. Imposible una pizza napolitana sin un mozzarella fresco o una ensalada capresse.

 

 Queso parmesano (parmiggiano   reggiano):

Queso Italiano cuya historia se remonta a la edad media, es un queso que tiene denominación de origen, por lo que sólo los quesos fabricados en Parma, Reggio emilia, Mòdena y Mantua pueden llevar el nombre de parmiggiano reggiano. Es un queso curado, secado al sol, su almacenamiento varía entre 12 a 36 meses (en casos muy especiales).

Un queso de consistencia dura y granular, no solo puede ser usado en la pasta o en las sopas, también es delicioso como postre con higos o peras, o como aperitivo.

 

 

 Queso cheddar:

Es originario de Somerset, un condado de Inglaterra, aunque en la actualidad se elabora en todo el mundo. Es un queso duro elaborado con leche de vaca que necesita uno o dos años de maduración, aunque se puede vender a partir de los 3 meses. Cuanto más curado sea, más potente será su sabor y su color (anaranjado). Al ser muy sabroso y algo salado, el queso cheddar se puede consumir solo, aunque también está muy presente en los restaurantes de comidas rápidas como hamburguesas, papas, sándwiches y nachos.

 

 

 Queso Azul:

Como el roquefort o el gorgonzola, puede elaborarse con leche de vaca, de oveja o de cabra. Debe su color (que varía entre el azul y el gris verdoso) a la presencia de mohos derivados del uso del hongo penicillium roqueforti. Los quesos azules tienen un fuerte olor y sabor y suelen tener una textura cremosa, por lo que se usan para untar o para elaborar salsas, que combinan muy bien con carnes. También se suele servir en tablas de queso, acompañado de frutos secos como las nueces.

 

 Queso de Cabra:

También llamado chèvre, es cualquier queso hecho con leche de este animal. Estos quesos tienen más proteínas que los elaborados con leche de vaca y se digieren mejor. También tienen más consistencia y menos colesterol y grasas. El queso de cabra se ablanda cuando se calienta, pero no se funde, por lo que es ideal para tomar de forma templada. De sabor intenso, combina muy bien con productos dulces, como la mermelada o confituras o la cebolla caramelizada.

 

 Queso Edam:

Es un queso holandés muy parecido al gouda, que se elabora tradicionalmente en forma de bolas o esferas recubiertas de una parafina de color rojo o amarillo. Se recomienda que el queso edam no se consuma hasta que tenga por lo menos cinco semanas de maduración. Combina muy bien con frutas como la pera, la uva o el melón.

 

 

 

 Queso Crema:

Es un tipo de queso untable que se obtiene al cuajar mediante fermentos lácticos una mezcla de leche y nata. Este tipo de queso se consume untado en pan y tostadas. Se trata de una crema blanca, que se sirve en envases similares a los de la mantequilla y que resulta muy agradecido como merienda o desayuno.

 

 Queso Camembert:

Es un queso francés fabricado originalmente en Normandía. Es parecido al brie, aunque su textura es todavía más cremosa y untuosa, casi líquida. Es elaborado a partir de leche cruda de vaca, y durante su maduración no se prensa ni se cuece, sólo se deja reposar en moldes. El queso camembert se puede emplear en muchos platos, pero normalmente se toma crudo, untado en pan. Si se calienta y se funde para elaborar salsas, también muy comunes, suele perder parte del sabor.

 

 Queso Manchego:

Es un queso español elaborado con leche de oveja de raza manchega. Puede incluirse en una tabla de quesos, formar parte de ensaladas y tapas o tomarse acompañado de membrillo o frutos secos, con los que combina muy bien. Suele conservarse en aceite de oliva y cuanto mayor es su tiempo de curación, mayor es su sabor. Es un queso que marida muy bien con vino tinto.

 

 

Mi invitación para disfrutar del sabor de los quesos, quedan deliciosos combinados en una tabla donde al menos tengamos tres tipos desde el más suave al más intenso, acompañado de curados o madurados como un buen jamón ibérico, salami, pepperoni, chorizos tipo vela y frutas como fresas, uvas, manzanas y frutos secos se pueden convertir en un verdadero manjar.  Que no falten los buenos amigos para una charla larga y un buen vino para alegrar el corazón.

 

Como dicen por ahí: “con buen queso y mejor vino, más corto se hace el camino”

 

Para este artículo, como en los buenos maridajes, cuento con el apoyo de @hogaruniversal.

Acaban de lanzar un producto hermoso que éste nuevo set de quesos. ¡Me parece divino para dar un regalo diferente a alguien especial!

 

 

También te podría interesar

Deja un Comentario