¿Y tu te vas a poner a cocinar a estas alturas?

 

EL BOOM DE LA COCINA

Y así como el reggaetón pasó de ser una moda a convertirse en un género, el boom de la cocina y de las clases de cocina han pasado a convertirse de una tendencia social a un estilo de vida y una forma apasionante de conquistar los sentidos y la felicidad a través de los sabores.

Hasta hace algunos años estudiar cocina no era una opción, había que ser Médico, Abogado, Ingeniero… Pero ¿Cocinero? ¿Te volviste loco?
La “culpa” la tienen los grandes Chefs que con sus creaciones trascendieron los salones de sus restaurantes y han puesto a hablar a todo el mundo de sus platos y obviamente la difusión que a través de los medios está recibiendo el tema: Programas de Tv, realitys, las redes sociales, los canales digitales con sus blogs, foros, tutoriales y toda esa amplia gama de oportunidades de mostrarse y de atraer cada vez más personas ansiosas por aprender a cocinar, hacer cosas diferentes que los saquen de la rutina.

Desde mi experiencia les cuento que hace cerca de 10 años teniendo ya una empresa exitosa y programas de televisión de cierta audiencia, empecé a interesarme en cocinar y creo que fui a todas las clases de la ciudad: ¿Que hay sushi? Yo iba a la clase de sushi, ¿Que hay árabe? ¡Yo voy! ¿Cocina saludable? ¡También! Técnicas básicas, en fin: Eran clases de cocina y aunque a veces me tocaba hacer verdaderos malabares de tiempo y dinero traté de ir al mayor número de clases que pude. Llegué al punto de repetir incluso más de una clase porque esto se empezó a volver en algo serio: Empezaba a sentir que algo me hacía muy feliz, pero tenía miedo, pensaba que no era capaz de igualar ni superar ninguna de las recetas que probaba y aprendía en clase.

Fui a clases de todo tipo, de las que son en la sala o en la cocina, de las que son en restaurante cómodamente sentadas y hasta con meseros que nos atendían, ¡De las que son con delantal y mucha acción! ¡Y de todas aprendí! No puedo decir que aprendes más de una forma ni de otra, ni estaría bien decir que unas son mejores que las otras. En cada clase vi algo más que recetas… En cada clase vi cocineros enamorados de su oficio y de compartir sus conocimientos. Vi esfuerzo. ¡Mucho esfuerzo! Por tener cada cosa en su punto, recetarios estructurados, ingredientes, utensilios, lo que fuera necesario para atender a cada alumno y transmitir conocimiento.

Hasta que algún día cuando ya había agotado la mayoría de cursos de la ciudad me dije a mi misma: Si ésta va a ser tu forma de vivir, tómatelo en serio, ¡esfuérzate y haz la carrera completa! Y allí empezó un diálogo interior bastante extenso:

– ¿Estás loca? ¿Con todo lo que trabajas? ¿A qué hora?
– Yo: Por las noches y en fines de semana
– ¿Y vas a hacer una carrera a estas alturas de la vida? ¿Para qué?
– Yo: Pues para ser feliz, solo por eso. Para darme gusto.
– ¡Pero todos tus compañeros tienen la edad de tu hija! ¿No te da pena tu tan vieja?
– Yo: ¿Vieja yo? ¡Vieja mi cédula! ¡Yo voy a ser siempre muy joven porque mi alma es joven! Desde que tenga sueños nada puede ser un impedimento
– ¿Y la plata? Eso cuesta mucho.
– Yo: ¡Pues si hace falta comer lentejas todos los días, como lentejas! ¡Me ajusto de dinero, hago un crédito y sigo! Es lo que quiero y punto.
– Por último: ¿Y tu familia… Vas a dejar de dedicarte a ellos?
– Yo: ¡Al contrario! Esto lo hago también por ellos, si yo no soy feliz ni me siento completa, no podré nunca darles a ellos lo mejor de mi. Sé que me van a acompañar como lo hemos hecho siempre. Para eso es la familia.

 

¡Es increíble! Hoy miro atrás y sigo disfrutando la sorpresa que me generaba cualquier aprendizaje. ¡Técnicas de cocina que yo veía como si fueran trucos de magia!
Me gradué, seguí estudiando en cuanto curso existe (y seguiré haciéndolo) y ahora soy feliz compartiendo en compañía de grandes cocineros las clases de nuestro propio Taller.

En la ciudad ya somos varios los que hemos optado por montar nuestro propio taller y sé que cada uno de nosotros está dando lo mejor: Juliana Álvarez es una maestra en el arte de la repostería. Natasha Moreno con sus panes de Amaranto es un fenómeno. Valeria Vahos es prodigiosa con el manejo del chocolate, Catherine Pinot es una gran emprendedora con Sucréz Saléz, las clases de Casa Magna, de Ambiente Gourmet, de las grandes escuelas y los amigos que aún siguen en sus casas o restaurantes habilitándolos de la mejor manera para recibir a quienes están ávidos de aprender a cocinar.

Aquí no puede haber rivalidades. Aquí lo que tiene que haber es compañerismo y buen colegaje.
Por eso cuando me dicen: ¿Quiero aprender a cocinar, que me recomiendas? ¡Les hablo de todos mis colegas y de nuestro taller, por supuesto!

Allá los esperamos… ¡Choque esos cinco!

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